1- PELICULA PORNO EN EL SOFÁ DE FUEGO

 

Aquella noche fue una de esas noches que se producen de vez en cuando, aunque a decir verdad sucede muy distantes, en las que me encontraba sola en casa. Mi marido se había ido a una de esas reuniones rutinarias de análisis de objetivos de la empresa o algo así, pero para mi relato tampoco tiene mucho interés el especificar exactamente donde se había ido, el hecho que realmente importa es que disponía de unas cuantas horas para mi, para mi soledad.

 

Luego de cenar me puse a ver la televisión. Avanzada la noche y cambiando de cadenas di con un canal que emitía un película pornográfica. Pornográfica de verdad. A mi modo de ver demasiado atrevida. Incluso me dije que no era ético que emitiesen ese programa a antena abierta sin ninguna clave ni codificación que impidiese su acceso, pero, a pesar de todo, lo cierto es que me detuve a verla, y casi al instante, como forzada por las imágenes, obedeciendo mis instintos ya me estaba acariciando mis partes más íntimas, y cada vez las caricias iban en aumento, el sofoco más grande y la temperatura aumentando...

 

Al principio parecía que me excitaban las escenas que estaba viendo, pero poco a poco me di cuenta que lo que realmente me estaba provocando era revivir en esas imágenes el recuerdo de mi amigo Roberto haciendo conmigo lo mismo que estaban haciendo los actores de la película.

 

Me ponía caliente intentar volver a imaginar su pene a la vez que miraba el miembro del actor sustituyéndolo mentalmente por el de Roberto, y ver como lo ponía a mi disposición y me hacía estremecer cuando se lo succionaba. Esa en verdad era una de las escenas que más me excitaban, y sobre todo cuando Roberto, excitado, me miraba desde arriba y yo entornaba su miembro en mi boca con toda mi dedicación y destreza, a la vez que pasándole la lengua levantaba por el capullo, la miraba levantando mis ojos hasta ver la expresión de su cara, cerciorándome así, al leer en sus ojos y en la tensión de su rostro, que lo estaba haciendo bien. Esa mirada perdida al infinito de Roberto, a la vez que se mordía los labios, y se estiran los músculos de su rostro, lo decía todo.

 

Esa noche descubrí lo mucho que me excitaba ver ese tipo de películas porno y jugar a imaginar con ellas a Roberto, entendiendo que no tenía sentido ver la película sin compararlo e infiltrarlo en las escenas, haciéndolas de este modo atrayentes a mi mente, a mi obsesión, y así, a pesar de la rabia y malicia que me podía producir el volver a abandonarme a mis debilidades: ser de nuevo la mujer caliente y puta, cuando por este entonces creía que me había reformado y era una mujer sensata, firme, y con una voluntad de hierro capaz de estar muy por encima de mis debilidades, de mi puterío. Pero me corrí; me corrí con aquellas imágenes tergiversándolas en mi mente, y grité como una loca quedándome abatida sobre el sofá. No me hizo falta mirarme al espejo para comprender que volvió a salir de mi cuerpo mi otra cara, la cara que llevo adentro e inevitablemente me empuja a entregarme, a buscar el sexo ; de nuevo la bestia sin riendas que estaba dormida y sujeta volvía a salir de su letargo.

 

A partir de ese día, el sofá se torno el rincón ardiente de la casa. Yo sabía que me hacía daño sentimentalmente al insistir en su imagen forjándola cuando en este tiempo quería olvidarle, pero yo ardía, me forzaban mis partes, y mi bestia era imparable. En el suelo quedaron mis bragas arrancándolas con la rabia con la que Roberto me las hubiera arrancado, al aire mis pechos en los que simulé sus besos en mis pezones, y tocando mi pubis llegué a mi húmedo coño y frotándome se produjo la gran explosión. Mis piernas, al culminar la guerra, se quedaron totalmente abiertas, mis muslos temblando, mis talones pegados al suelo, mientras mi cabeza daba vueltas a lo sucedido repitiéndome el tan cuestionable ¿por qué?, ¿por qué?. si es un cabrón, si debería de odiarle y, sin embargo, aún en mi latir, en mi silencio sobre el frio suelo, aún mis labios, en el descansar de mi aliento, dan gracias a su imagen, a su recuerdo que, ¡maldita sea!, me hace vibrar y sentir viva entre las corrientes de rabia y placer que me invaden, dejándome aún abatida, muerta y palpitante en mi sofá. Mi sofá de fuego.

 

Avanzada la noche y muerta de sueño me retiro a la cama; la cama de vidrio que me espera, y me acuesto sintiendo el frío de las sábanas de nieve y el colchón de hielo, y tirito al encerrarme en mi pensamiento y no querer pensar en Roberto, y tiemblo y me muero de frío, hasta que otra vez me refugio en Roberto, me excito repasando los recuerdos tan intensos en el sofá, y el hielo y la nieve de mi alrededor los derrite el sol de su imagen. El colchón se hace brasa, y la cama arde por un momento, hasta que su dueño se mete entre las sábanas y vuelve el glaciar, el crudo invierno.

 

001- TE VEO CERCA

Te veo cerca,

tan cerca que te observo,

y te siento cierto,

y lo que veo es así,

y viéndote te contemplo,

y al hacerte mío me elevo,

y en el espacio te busco,

y al aire te inspiro,

y evadida en el espacio sucumbo

entre los aullidos del placer,

entre el estadillo de mis sentidos,

entre la aglomeración de mis pasiones,

entre el cúmulo de mis pensamientos

que se multiplican arrebatándote en el espacio,

que se aceleran acercándote a mi imaginación,

que se confeccionan cierto ante mis ojos,

y sin remedio caigo triunfante,

triunfante

porque te entrego todo, en la nada;

triunfante

porque no es rutina lo que te doy, sino mi vida;

triunfante

porque soy débil y reconozco que te amo,

aunque al instante me diga

que te rechazo.

Triunfante y vencida,

conquistada y derrotada,

amada y maldecida.

Te veo tan cerca que leo en tus ojos.

Te siento tan cerca que oigo tu latir.

 

Te contemplo tan cerca y te abuso sin remedio,

y viéndote te adoro,

y haciéndote mío me evado,

y en el espacio te confecciono,

y al aire te simulo,

y evadida al mundo,

te hago mío, o simplemente te hago,

no sé....

 


2- EL VIEJO ZORRO ATRAPÓ AL CONEJO

 

No esperaba que este día la fiesta terminase así. Es cierto que en ocasiones anteriores,

en las que compañeros del hospital nos habíamos reunido en un restaurante próximo al hospital para celebrar algún evento, o cualquier otra excusa que justificase hacer una juerga,   desde el preciso momento en que me enteraba de que se iba a celebrar algún envento, por mi cabeza empezaban a aflorar ideas y pensamientos que hacían que me sintiese excitada, a la vez que halagada y satisfecha por ser la dominante, la seductora, entre ciertos machos que siempre iban tras de mi como perritos faldones olfateándome y esperando mis migajas. Yo era la   Señora que en el fondo todos querían follarse, y luego, por supuesto, marcharse tranquilos a sus casas a dormir con sus señoras.

 

Hoy venía llena de rabia a la fiesta, con ganas de pasarme con cualquiera de ellos. Hoy veía con el pensamiento vengativo de herir a Roberto, y sobre todo de intentar pasar hoja y olvidarle definitivamente de él, aunque para ello fuese magreada , mordida por otros dientes y arrebatada por otros brazos hasta hacerme suya y hacer que me corriera hasta la extenuación.

002- AULLARÉ EN OTROS BRAZOS

 

Aullaré en otros brazos;

me dejaré llevar por mi ímpetu,

y te juro que me vengaré de tu daño;

me prometo que hoy temblaré de nuevo,

y ante las manos que me rocen iré cediendo,

y destinaré mi sagacidad a absorber su fuego,

así cuando se atreva se lo pondré en bandeja,

así cuando se decida se lo concederé sin protestar,

simplemente con un silencio, callada, y sintiendo.

 

Sintiéndole febril y triunfante

mientras en mi mente te insulto y regalo lo que es tuyo

a que lo devore la hiena hambrienta que me rodea;

al macho exaltado que a mis carnes de obliga,

y que se vence a una acaricia,

y que tanto a sucumbido a una imaginación,

y que hoy se realiza como un sueño

que no logra aún creerse.

 

Todo ello me enerva a la vez que me tienta,

y saco mis garras de mujer fatal

y acerco mi carne para que su carne se funda,

para que sus deseos se aviven desesperados

y en su desespero

te insulto a ti ofreciéndome,

y en su excitación

te traiciono haciéndome débil

y aúllo recordándote

a la vez que

deseo

sepultarte.

 

 

Ya en la comida observaba las miradas de aquellos que sabía que nunca me abandonaban y estaban pendientes de mí incluso en los detalles más insignificantes, y éstas eran varias, y además lanzaba, de vez en cuando, alguna que otra mirada adicional al otro macho que me pudiera interesar por si pudiera caer alguien más, distinto de los que ya comen de mis manos, y que puedo jugar con ellos a mi antojo.

003-HUYO DEL AMOR

Huyo del amor

Quiero apartar de mí los sentimientos sensibles

latidos que no son mis latidos,

por unos besos

que no son los besos que necesito,

ni por unas palabras

no impregnadas de la fuerza que me atrae.

 

En el volcán enfadado de mi sangre

hoy no cabe el amor;

más bien cabe el odio

y la traición más vengativa que pueda ofrecer;

más bien cabe la malicia

y las enormes ansias que dañarte en tu mente,

que es donde más te duele,

más aún que te duele el corazón.

 

Tu mente como la mía

que da vueltas y vueltas sin parar.

 

Tus imaginaciones como las mías

que lo tergiversan todo.

Tus pensamientos como los míos

que se salpican de embustes.

Hoy te atacaré en tu cabeza;

que sepas de mí e imagines;

imágenes

como mi rabia

se la comen otras bocas hambrientas;

como mi malestar

es absorbido por otros labios que me atienden;

como la bruma de mi boca

es lamida por otras lenguas

que la aplacan,

y como mi cuerpo

busca estremecerse

refugiándose en otros cuerpos,

y como mis besos

se dan sin precio

al que quiera cogerlos.

 

Huyo del amor y atiendo a la insensatez que mi obliga,

y me obligo a sabiendas porque quiero dañarte,

y me esfuerzo en obligarme

para destruir tu imagen y tu recuerdo,

y tiembla mi cuerpo

al fuego que se le avecina y toma,

huyendo del amor

y embriagada de venganza.

 

004-ODIO, TENTACIÓN

Odio, tentación.

Rabia, provocación.

Malicia, venganza.

Amor, mentira.

Estima, ironía.

Aprecio, juego.

Castigo, sentencia.

Desprecio, rabia.

Separación, maldición.

 

Tentación que me obliga,

Provocación que incito,

venganza que emana,

mentira de su boca,

ironía de sus labios

juego de su consideración,

sentencia que le pongo,

rabia que también la muerda,

maldición que también la tenga.


Nada. No había nada sobresaliente. Todo parecía con la misma tónica de siempre; las mismas miradas de amor y desespero que les rompía por dentro a los perritos falderos, así que en principio no veía como podría dar rienda suelta al castigo que quería imponerle a Roberto; pero dentro de mi sabía que acudiría la idea, el hecho que haría llevar a cabo mis intenciones, que mi mente no me fallaría y de nuevo la bestia de mi interior visualizaría alguna salida para saciarse.

 

Miré a mi entorno. El que estaba en frente mi, el más tímido, haciendo un esfuerzo reteniendo las lágrimas. El que estaba a un extremo de la mesa, el más zorro, mudo e impasible que le preocupaba que nadie descubriese su sentir ni sus intenciones. El que estaba a mi lado, el más plomo, el más obsesivo, descarado y atrevido, seguro por ser perro viejo,   pregonando su amor y sus deseos sin importarle que le oyesen pues la edad le había vuelto más descarado, jugando así entre bromas y juegos manifestaba sin tapujos, sus intenciones . El otro, el que me hubiera gustado llevarme a la cama esa noche, y seguro hubiese cumplido con mi objetivo, charlando con una compañera como si no le importase mi presencia, aunque, de vez en cuando, me mirase de reojo.

 

Luego de cenar y la tertulia llego la hora de bailar. Las canciones de ritmo alegre nos levantaron de la mesa y empecé a bailar entre distintos compañeros y entre ellos el de siempre, el “tímido, Ismael, que me respetaba y no se atrevía a tocarme; que quería intentarlo y a la vez se acojonaba, se abrumaba con tantas consideraciones y temores y se retenía en sus deseos, y así estuve trotando sobre la pista de baile hasta que sonó la primera canción lenta.

 

Estando ya sobre la pista inevitablemente tuve que bailar con Ismael, con esa forma de respetarme y protegerme que en el fondo me molestaba, cuando precisamente ese día el muy tonto podía ir a más e incluso, si se hubiese decidido, me la hubiese metido en mi coño y hubiese hecho lo que tanto anhelaba, follarme hasta que eyaculase en mis entrañas. Sin embargo, allí estaba bailando conmigo con una educación y un miramiento que precisamente hoy aborrecía y me molestaba.

 

Para esa noche de fiesta me había puesto con disimulo bajo mi chaqueta una de esas camisetas negras transparentes que se pegan y se confunden con la carne y estaba más que segura que al apretarme notaría la carne de mi cintura y que lograría excitarle, pero la timidez de Ismael le frenaba el sobrepasarse, incluso tenía temor de apretarme las carnes, cuando si hubiera hecho este baile con Roberto, a la menor ocasión de notar mi carne me hablaría mudo, en silencio, con sus dedos presionándome, y haciéndome saber que en todo momento era suya, y me desnudaría y poseería simplemente al apretarme con sus dedos, y abusivamente sin disimulos ni miramientos me magrearía poniéndome caliente. Así bailamos, yo notando el nerviosismo de Ismael y su enamoramiento hacia mí y él teniéndome en sus manos como el regalo más valiosos de la noche, sin poder decidirse, siempre sus temores, sus miedos y su exagerada consideración.

 

Apenas hubo terminado la canción, ya oí la voz de Antonio, digamos, para entendernos, el más zorro, que esperaba ya para atacarme, y vino a robarme de los brazos de Ismael, el cual no se pudo negar ya que él ya había tenido su baile y no existía ningún compromiso, y yo, por supuesto, ya tenía ganas de librarme de Ismael.

 

Mi impulso instantáneo fue el de poner mi mano sobre el pecho de Antonio no para establecer un poco de distancia, sino que era mi forma habitual de bailar, así apreciaba su latir e incluso podía con disimulo acercarme más, a la vez que me deslizaba por abajo casi apoyando mis rodillas sobre sus piernas y haciéndole sentir mi pubis, tal y como había aprendido de adolescente. Y así sentí su corazón acelerado, a la vez que Antonio al oído me   decía lo mucho que me necesitaba, el amor que me tenía y lo loco que le llevaba. Yo le notaba su pene hinchado con la posición adoptada de mis caderas apretándome descaradamente contra su pene. Notaba su gran bulto estrellarse contra mis bragas y en verdad, así me hubiera quedado un buen rato hasta conseguir que me la metiese o me llevase fuera de allí, a un descampado, a su coche, o a cualquier rincón y me hubiera follado.

 

005- YA NOTO EL FUEGO DE TUS ENTRAÑAS

QUE TE APRIETA

 

Ya noto el fuego de tus entrañas que te aprieta,

tu voz callada que no comulga con tus

pensamientos saturados;

saturados de revolcar mi imagen sobre tu cama,

de besarme al aire confeccionando

como deben ser mis besos,

de obligarme a lamer tu intimidad

seguro de hacerme gritar,

de poseerme de distintas maneras

vencedor de mi cuerpo.

 

Noto el leño origen del fuego

y me acerco porque emano rabia,

la rabia que me lleva a rendirme

cuando rendirme no era mi idea,

la rabia a masticarla con la pasión

para juntos estremecerme,

y así, al menos, juego con mis sentimientos

que te visualizan y te aparto;

que te aparto y te cruzas en mi pensamiento

y te alejo;

que te alejo

y aún te acercas diciéndome en el oído

lo que en realidad soy.

 

Me castiga que me digas lo que soy

cuando me has tenido tanto amor…

 

Me revienta que me dictes mi realidad

cuando no quiero oír lo que soy;

y siendo lo que soy, a pesar de mis besos,

me aprieto al leño,

al duro leño, y juego con sus sentimientos

como siempre he jugado,

sabiéndolos saturados.

 

Saturados

de tenerme desnuda y en la soledad ensalzarme;

de capturarme en su mente

forjándome sin consideración a lo más bello,

de conducirme a navegar por su cuerpo

haciéndome aullar,

de tomarme de cualquier manera

dominante

en

mi lago.

 

006- TENSIÓN, ATRAYENTE

 

Tensión, atrayente.

Pulsaciones, nerviosismo.

Silencios, brutales.

Palabras, partidas.

Miradas, ocultas.

Manos, apretadas.

Roces, provocados.

Presión, intencionada.

Posesión, compartida.

Fuego la tensión atrayente que incita.

Fuego las pulsaciones del nerviosismo que envenenan.

Fuego los brutales silencios que dictan.

Fuego las palabras partidas que nos sobran.

Fuego las miradas ocultas que se leen.

Fuego las manos apretadas que transmiten.

Fuego los roces provocados que calientan.

Fuego la presión intencionada que funde.

Fuego la posesión compartida que aceptamos.

Entrega, aceptación.

Entrega, vicio.

Entrega…entrega, sin remedio.

 

Yo sabía que le calentaba desde hace tiempo y adivinaba la hinchazón y el tamaño que había alcanzado su pene al apretarse contra mi vientre. Me quedé sintiéndolo, sin atreverse a ir más allá, sin hablar, pero haciéndole sentir su excitación. Sabía que quería follarme porque en repetidas veces se había confidenciado conmigo de su situación contándome lo canutas que lo estaba pasando y como no hacía más que masturbarse pensando en mi, y así me calentaba escuchándole a la vez que me infundía lástima, y a la vez que tenía miedo o precaución de enrollarme con él trabajando tan próximos uno del otro, en el mismo hospital, y en el misma sala de cirugía por las complicaciones que pudiera traer el vernos cada día y leer en nuestros ojos nuestras intimidades, y la mala influencia que pudiera tener en el trabajo.

 

En ese momento apretándome contra su pene me calenté cuando sentí como éste se meneaba y yo respondía a la excitación de Antonio, y centrada en notarlo contra mi pubis, obsesionada en mis pretensiones,   no me di cuenta de que la canción había terminado, y seguí bailando sin interrupción con Antonio la siguiente canción, cogida a él y haciéndole saber que yo también lo sentía; también notaba la firmeza de su pene apretándose contra mis bragas y contra mi vientre.

 

Antonio no se lo esperaba porque nunca solía bailar con él más de una canción seguida, pero él se dio cuenta de que yo estaba a gusto y excitada, y continúo apretándome para que sintiese aún más su pene y yo prácticamente me lo dejaba clavar sobre mis bragas, a la vez que apretaba mi mano sobre su pecho sintiendo aún más su latir; prácticamente transmitiéndole que yo quería ir más lejos, pero él no terminaba de entender lo que le estaba pidiendo; que de un vez me sacase de allí y me follase. Seguro que al menos, Roberto, ya se hubiera arriesgado y habría cogido mi mano llevándola a su pene para hacerlo mío y luego buscar una salida, un escape, para alejarnos de la fiesta y hacerme suya.

 

007- NOTO TU LATIR

Noto tu latir

como reloj acompasado,

acelerado

a los pensamientos que se te amontonan,

acelerado

a tus deseos que se te van apiñando,

acelerado

a tu pasión que te está desbordando,

acelerado

a tu sensatez que la vas perdiendo

gobernándote la fuerza de tenerme cerca;

el perfume de mi piel que suavemente te llega,

el tacto de mi carne que la sientes tan preciada,

el roce tan limpio de mis mejillas en las tuyas,

en la presión de tu mano cogiendo la mía,

la presión de tu otra mano por mi cintura,

rodeándome.

Noto tu latir y lato sin esperarlo acelerada,

acelerada

a mis pensamientos que me turban,

acelerada

a mis deseos que exigen cumplirse,

acelerada

a mi pasión que me está imperando,

acelerada

a mi sensatez que deseo perder,

gobernándome la fuerza de sentirte

adentro.

 

Luego, como reclamando su plaza, vino Javier, el más veterano, el “plomo” y me cogió encendida. Yo estaba mojada con todo lo que había sentido con Antonio, y ahora ya estaba en manos de Javier, que sabía que era un baboso de mucho cuidado.

 

En verdad era un pulpo apretándome por todas partes y obsesionado en tocarme los pechos. El sabía, porque yo una vez se lo había confesado medio en broma, que los pechos eran una de las partes débiles de mi cuerpo, que al besarlos me hacían estremecer, y bailando cogió mi mano y la llevó a su pecho a la vez que con disimulo le permitía tocar los míos, y empezó a magrear mis tetas, sin atender a mis ruegos pidiéndole por favor que parase, que me ponía nerviosa, que nos podían ver, cuando él, en el tono y el vibrar de mi voz, estaba intuyendo que me estaba calentando y continuaba seguro de que aquello me excitaba, y yo cada vez que me pegaba más a su cuerpo, con esa forma de bailar mía forzando el pubis hacia delante, haciéndole sentir mi coño en sus partes, a lo que incesantemente me repetía al oído, sin levantar la voz, lo buenísima y lo caliente que esta noche estaba. Yo callada, solo sonriendo, y en silencio solo notaba como apretaba mis pechos y buscaba mis pezones suavemente pellizcándolos, a la vez que de vez en cuando envolvía con disimulo mis tetas en sus manos, y yo le dejaba hacer; solo a intervalos y en voz baja le decía por favor… por favor…, pero Javier entendía que ardía, que estaba caliente y que aquello me había colocado. Me apretó con sus manos por mi cintura haciéndome sentir desnuda en sus manos tocando mi carne, apretándome las costillas y apretándome el culo contra su pene que, a pesar de su edad, lo mantenía duro, y me lo ofrecía como un regalo de las naturaleza para mí, cuando yo lo veía como un pene machacado, harto de meterla y excitado ante esta nueva aventura que él, por supuesto, no quería perderse.

 

008-NO DEBERÍA TEMBLAR Y HOY TIEMBLO

 

No debería temblar y hoy tiemblo:

tiemblo

al hacerse realidad el cruce de algún pensamiento;

a la hoguera

que coges encendida y la atizas con tu brasa;

a las palabras

que me dictas diciéndome el volcán que soy,

y al silencio

que concedes transmitiéndome tu sentir,

cuando nervioso titubeas

y me dices

y repites

y te elevas,

cuando me callo y me aferro tí

sintiéndome débil

y

triunfas,

cuando mando sobre tu leño,

tu mente

y tu cuerpo

que soy reina.

 

No debería estremecerme y hoy me estremezco;

me estremezco

al morder la realidad y llevarla a mi capricho;

al infierno que coges abierto y allí fundirse quiere tu demonio,

a los susurros

con los que me engrandeces y adornas mis oídos,

a las pausas

en las que te centras apretándome el corazón,

cuando inseguro cuentas mis latidos

y me haces sentir los tuyos,

cuando te callas y me aprieto a ti magreándome

al calor de mis carnes,

cuando revienta mi lago y suelta aguas tu presa,

que soy reina.

 

Tiemblo, me estremezco,

se me despiertan los nervios,

mezclando la rabia, el desprecio,

con la pasión que me impera

y me ofrezco a sus manos,

que nunca lo había deseado, y me entrego;

y me ofrezco a su leño,

que lo creía muy lejano, y lo tomo;

y le entrego mi cielo,

donde no tenía cabida, y se lo abro,

cuando vencida

no mando de mi misma

y me gobiernan mis instintos;

cuando me callo

y me aúllan imperativos mis deseos

y pierdo

mi

mando;

cuando se inquieta mi lago

inundado por las lágrimas de tu desprecio;

tu desprecio que me hace temblar

para olvidar tus besos,

tu recuerdo.

 

 

009- AÚLLO EN BRAZOS AJENOS

Aúllo en brazos ajenos,

al vibrar de otro cuerpo, que no es el tuyo,

aúllo y espero;

espero a que entienda mis aullidos sin escucharlos;

espero a que maquille mis aullidos sin enterarse;

espero a que aúlle conmigo solapando los míos.

 

Mis aullidos en brazos ajenos,

al temblar de otro cuerpo,

que no es el tuyo, aúllo y me mantengo;

me mantengo a que aplaque mis aullidos

sin saber de su existencia

me mantengo a que estrangule mis aullidos

inocentemente;

me mantengo hasta que aúlle conmigo

confundiéndose con los míos.

 

Los míos que me arañan por dentro

y quiero sofocarlos;

que me oprimen el corazón

y me punzan el pensamiento;

que me obligan a castigarte, así en otros brazos mi cuerpo,

aunque mi vida la tenga en ti,

y a ti reniegue a escucharte;

aunque mis besos vivan en ti

y mueran en labios ajenos;

y al pensar en sentirte cerca y lejos,

con rabia me entrego para alejarte,

o para confundirte,

o para marcar tu abismo, tu destierro.

Aúllo en brazos ajenos,

cuando en ti

vivo y ahora

muero.

 

Terminó el baile y me tuve que separar. Estaba demasiado caliente y quería tomar un descanso, relajarme; volvieron las canciones rápidas y seguí bailando con unas compañeras y otros compañeros desenfadadamente, haciendo mi teatro, sonriendo, haciéndome un poco la loca, sin olvidar lo ocurrido pero pretendiendo que nadie se diese cuenta de mi estado emocional.

 

Finalizada la fiesta alguien tendría que llevarme a casa, y fue Javier, el mayor de todos, el que se adelanto insistiendo de que él me llevaría casa.

 

Yo hubiese preferido a Antonio porque esta noche lo tenía clavado en mi pensamiento y me lo hubiese follado, o sino Ismael, al que le hubiese buscado la vuelta a soltarlo de su timidez, pero Javier se había vuelto terco y no dejó que ninguno de los dos, ni nadie, usurpase su deber de llevarme a casa como hombre de confianza.

 

Subí al coche, y ya en marcha rompió el silencio diciéndome lo caliente que estaba esa noche a la vez que deslizaba su mano buscando mis piernas. Le dije que nos unía una gran amistad, que no quería perderla… a la vez que su mano iba subiendo acariciándome los muslos penetrando por debajo de mi falda.

 

A media voz yo le decía: por favor… por favor, no sigas…, y el continuaba acariciándome, hasta que justo unos minutos antes de llegar a casa, visualizó una alquería y se adentro por el camino hasta llegar a ella. Le pregunté donde iba, y Javier no atendía a mis palabras. Cuando llegó a una explanada, apago el motor y las luces, y empezó a acariciarme los pechos a toda prisa; me decía que me habían crecido mientras me los manoseaba e intentaba sacármelos afuera. Yo estaba para se entonces ya muy caliente y me excitaba que los viese y hablase sobre mis pezones, y no ofrecí mucha lucha a su empeño. Al poco rato ya estaba chupándolos, pasándome la lengua por lo pezones y metiéndoselos en la boca, a la vez que buscaba morderme por el cuello. Todo aquello me estremecía y me hacía temblar dejándome a su antojo.

 

010-ME EVADES

Me evades.

Me llevas al abismo de las pasiones.

Me llevas a que reviente.

Me llevas a culminar mi locura.

Me llevas a sentirme viva.

 

Me llevas

donde el silencio grita con los latidos acelerados.

Me llevas

donde se funden las lenguas con la salida del deseo.

Me llevas

donde se deja el cuerpo al capricho de la mente

y sea lo que Dios quiera.

 

Sabes como besarme y me llevas.

Sabes como pasear por mi cuerpo, y me llevas.

Sabes como estremecerme, y me llevas.

 

Me llevas porque ardo,

y te comes mi fuego

donde sabes que es donde más quema.

Me llevas porque lames mi carne

y aciertas en mi cuello

que es donde más me quiebra.

 

Me llevas

porque te ofrezco mi belleza

y sabes apreciarla

triunfante tu testigo.

 

Me llevas hoy que soy fuego, quizás no mañana.

Me llevas ahora que soy lava, quizás no más tarde.

Me llevas sin más excusas…, y me dejo a tus garras.

 

Yo sabía que aquello no lo podría aguantar y cuando me mordió por el cuello, Javier notó como me doblada, como me abandonaba a su juego, y luego, cuando colocó su mano en mi coño estaba húmeda. Empezó a masturbarse delante de mis ojos. Quería excitarse al máximo para enseñarme su pene y que lo viese orgulloso. Se lo saque de su bragueta y era más grande de lo que hubiese imaginado e irremediablemente empecé a chupárselo, a metérmelo en la boca y hacerle una mamada, a la vez que pensaba la de veces que aquel pene habría follado y ahora lo tenía aquí para mí. Javier no pudo aguantar mi mamada y más cuando empezó a cogerme la cabeza y a forzarme a hacérsela hasta que término corriéndose en mi boca, mientras yo le extraía todo el semen del que era capaz, pues siempre me había gustado su sabor, y prácticamente dejé a Javier vacío y hundido.

 

011- EN ESTE MOMENTO YA NO ME ACORDABA

DE MIS AULLIDOS

 

En este momento ya no me acordaba de mis aullidos;

me inundaba tanto el momento que devoraba el tiempo;

exprimía cada segundo centrada en el regalo del cielo,

y al cielo interrogaba

como había estado tanto tiempo escondido,

y al cielo iba,

y al infierno bajaba incesantemente

con devoción,

y del cielo a sus ojos lanzaba las miradas

obsesivas del deseo.

 

Me asocié con la noche

que me acompañaba en mi desespero.

Me refugié en las sombras

que eran cómplices de mis miserias,

y tendí mi cuerpo

a la voluntad de sus garras,

a las yemas de sus dedos

elevándome,

a la presión de sus manos

sintiendo mi carne,

y aullaba

cerrada la noche en mi desespero,

y aullaba

enloquecida con los aullidos por dentro,

y así cediendo con la noche y lamiendo el cielo.

 

En este momento volví a acordarme de mis aullidos,

exponiendo mi cuerpo a la invasión vencida,

subyugada,

desbordando mi lago

por las cálidas gotas de la lluvia,

y clamando al cielo que se introdujese

en el lago de mi infierno

aplacando su ira

y su

poderío

consumiéndose

en silencio.

 

 

Volví a aullar

cuando me quedé muerta.

Volví a aullar

cuando me aullaste

cerca, tan cerca..

 

Empecé a meneársela otra vez, y Javier ya no conseguía que se le pusiese dura como al principio. Le decía que no me podía dejar así.. Me quitó las bragas y pasó a chuparme el coño, a meterme las lengua por todas partes, a comerse literalmente mi coño, hasta que abandonándome me corrí en su boca, limpiándome con su lengua. Miré de soslayo su miembro, y continuaba fuera de combate. Intenté chupárselo de nuevo, hacerle una paja, pero ya todo era inútil.

 

012- ¡DIOS MíO! . ¿ POR QUÉ ME DESPIERTAS QUIÉN SOY?

 

¡Dios mío!

¿Por qué me despiertas quién soy?

¿Por qué no me dejas dormir sin despertar mis instintos?

 

Irremediablemente a sus caricias me elevo y vibro;

me estremezco a sus dientes

mordiendo las puertas de mi cielo;

me despierta los nervios a su lengua

en el lago que alberga mi pequeño mundo,

me olvido de quien soy

y me abandono al ataque del testigo,

que descubre en su avanzar la debilidad de mi sensatez;

que siente el temblar de mis emociones

en la punta de sus nervios;

que me quita mi caparazón

y me observa como soy,

ardiente, explosiva.

 

¡Dios mío!

¿Qué fuerzas has creado en mi?

¿Por qué no las retienes

y las dejas en su parcela dormitando?

 

Vencida a su proximidad me altero y sucumbo;

me ofrezco a su cuerpo

aspirando el calor de mi cuerpo

me esclavizo a sus manos

apreciando como ha crecido el maíz

me olvido de lo que me rodea

y me expongo al castigo de su testigo,

que alardea de su batalla la bandera de su victoria;

que siente mi miedo

y mis deseos fundirse

ofreciéndome más vulnerable;

que me quita la piel del disfraz

y me aprecia desnuda como soy,

y me toma

trémula

y

caliente.

 

Luego de esto Javier se dio cuenta de que él ya no estaba para muchos trotes, y que en definitiva ahora que tenía la ocasión para follarme, después de su corrida, ya no podía continuar, incapaz de metérmela. Así que luego de relajarse, se paso la bragueta, puso en marcha su coche y me llevó a casa, quedándose por una parte con el sabor amargo de que tuvo su oportunidad pero su cuerpo ya no le respondía, por otro la sensación placentera de que me había tenido chupándole su miembro, lamiéndome mi coño, y dejándole disfrutar de mis pechos, pero en resumen abatido al saber que ya no volvería a tener otra oportunidad, porque era una hembra que necesitaba mucho más.

 

De nuevo retornaba a la cama de frío vidrio, y tras regañarme mi marido por haber llegado tan tarde, pero sabiendo que aquello no iría a más, que en unas caricias le tranquilizaría, me quedé en silencio como durmiendo, imposible de conciliar el sueño después de todo lo que había pasado. Las imágenes se amontonaban en mi cabeza y sin poder evitarlo las repasaba y me invadían calentándome, aunque no me tomaron como yo hubiese querido. Casi al amanecer me dormí y como siempre, a las 7 de la mañana tuve que levantarme para ir al hospital como todos los días. Aún oía las palabras de reproche de mi marido diciéndome, al quedarme dormida en la cama, que ahora pagaba las consecuencias, y yo callada, aullando por dentro, escuchaba sus palabras, pasando de ellas con una sonrisa y aguantando por dentro, por volver de nuevo a la bestia que llevo dentro.

013- AÚN SE AMONTONAN LAS IMÁGENES

 

Aún se amontonan las imágenes

que me hicieron evadirme

al espacio

donde dominan los sentidos y flotas a la vida,

al infinito

donde se olvida la tierra y estallan las células,

a la línea donde se dividen el cielo y el infierno abrazándolos juntos,

y todavía tiemblo;

todavía me elevo;

todavía me altero,

y cierro mis ojos y aún te veo, apartarte no puedo;

y cierro mis ojos y te revivo, negarlo no puedo;

y cierro mis ojos y me obligo, tu tentación acepto.

 

Acepto las imágenes

que me estremecieron y me hicieron aullar;

Acepto el olor de tu carne,

perfume que inspiraba haciéndolo mío;

Acepto el sudor de nuestros cuerpos

envueltos en la misma marea.

 

Y aún camino por la calle

y voy masticando las imágenes;

y me detengo en un escaparate

y te reflejas en sus cristales;

y me siento en mi silla

y te sientas sobre mis piernas,

y levanto la cabeza,

y aún te veo ofreciéndome tus besos;

y aún te aparto,

y aún te recupero;

y aún me atormento,

y aún más te necesito

Y aún, y aún, y aún…te repites conmigo.