AÚLLO

 

Aúllo, perro,

al tensar de mis músculos,

a la naturaleza hermana,

al infinito mis aullidos

proclamando mi satisfacción.

 

Aúllo, perro,

al volar furtivo de mi alma,

al loco bombeo de mis válvulas,

al cuerpo barro de mi barro,

al más allá mis gritos vivos

fundiendo carnes y huesos.

 

Aúllo, perro,

al lamer las fuentes de leche,

a la ruptura de raíces insanas,

a las carnes mezcladas con desesperos.

 

A alguien envío mis aullidos...

sea Dios o simplemente mi existencia.



 

NO HAY OÍDOS

 

Perro inquieto,

servido de potencial;

vagabundo al son de sus sentidos,

ladra su soledad. No hay oídos...

 

Ladra sus tristezas,

no hay oídos...

Ladra sus alegrías,

no hay oídos....

Ladra sus inquietudes,

no hay oídos...

Ladra sus derechos.

No son atendidos.

 

Perro animal de lujo para cubrir caprichos;

furtivo para cumplir con sus instintos,

ladra sus soledades, no hay oídos...

 

Ladra sus atenciones,

 no hay oídos...

Ladra sus emociones,

no hay oídos...

Ladra sus miedos,

no hay oídos...

Ladra sus posesiones,

no tiene nada.



 

AULLIDO DE  LA NOCHE

 

 

Aullido de la noche

desgarrando las nubes,

cortando el viento,

colmando de vida el espacio;

más bien preñándolo de vida.

 

Aullido de la noche

elevándose al infinito,

alcanzando las estrellas,

fundiéndose en la inmensidad;

más bien infiltrándose en cada planeta.

 

Aullido de la noche

usurpando las intimidades,

revelando el placer pleno,

comiendo carnes, huesos y alma;

más bien tragándose la existencia.

 



OÍDOS SORDOS

 

 

Los oídos permanecen sordos a mis ladridos;

ya no quieren escuchar mis gemidos,

ni mis aullidos viscerales;

ya no desean oír el lamer de mis pechos,

ni de mi vientre tenso.

 

Los oídos se mantienen cerrados a pleno esfuerzo;

ya no les conviene escuchar mis gemidos,

ni mis aullidos sedientos;

ya no desean oír el pulso de mi sangre,

ni de mis ojos su reclamo.

 

Los oídos pueden permanecer sordos,

pero el corazón temblará siempre





MUERDO MI RABIA

 

Muerdo, perro,



destrozando nervios;

rasgando fibras

con fuerza, furia y rabia;

aniquilando indicios de vida;

masticando la carne odiada;

quebrando huesos injustos;

derramando sangre veneno

con odio de la mente a mis dientes.

 

Muerdo, perro,

las carnes con afiladas navajas;

abriendo heridas;

cuarteando tejidos con hambre, sed y venganza;

matando la raíz de la existencia;

impidiendo el resurgir a la vida;

dominando la vida con mis colmillos,

y luego huyo, con el rabo entre mis patas.



 

ME MUERDO Y NO TE INQUIETAS



 

Me muerdo el brazo, perro,

sofocando mi ímpetu adverso.

Me clavo mis dientes, perro,

dominando mis impulsos contrarios.

 

Me sangran los sentidos, perro,

y no interesa oír mis inquietudes.

Se encorva el rabo, perro,

y no inquieta mi timidez y acatamiento.

 

Me muerdo el brazo, perro,

y no te inquietan mis heridas propias.

Me clavo mis dientes, perro,

y no te despierta un ¿por qué?.

 

Me sangran los sentidos, perro,

y te distraes con cualquier tontería

sin ver mi herida, ni el sangrar de mis defensas.



 

 

TE MUERDO Y TE COMPARTO

 

Muerdo el aire,

el silencio de la soledad,

la inmensidad del espacio,

el frió hierro;

pero muerdo tu brazo y me calmo,

encuentro la vida en tu esencia,

y trituro la carne de la creación.

 

Muerdo la madera,

el amorfismo de las inquietudes,

el fracaso de la nada;

pero muerdo tu voz y me calma,

encuentro la paz en la comunicación,

y te devoro y comparto con mi hambre.

 

Muerdo la piedra,

el vacío de las frustraciones,

las negaciones sin sentido;

pero muerdo tus mejillas y me calmo,

encuentro el camino llano, sin obstáculos,

y deseo correr al límite de mis posibilidades.

 



EL PODER DE LA MENTE

 

Dientes afilados,

listos para el ataque,

dispuestos a la orden,

prevenidos ante el enemigo.

 

Dientes mostrados,

testigos de su rabia,

preparadas sus mandíbulas

a la presión más rabiosa...

 

¡ No dejes que culmine su rabia!.

¡ No dejes que hinque sus clavos!.

¡ No dejes que resuelva con rabia su ofensa!...

 

Deja que juegue la inteligencia;

que la sabiduría supere a la fuerza;

que la picardía juegue su papel;

que el perro muera de rabia;
fracasado,
y el humano viva de su poder, su mente.



 

SALIVAS DEL ENGAÑO

 

 

Salivas venenosas,

testimonio de la enemistad,

mezcladas con besos y babas,

confundiendo amor y guerra.

 

Salivas mortíferas,

cómplices del engaño,

mezcladas con caricias y dulzuras,

confundiendo amor y rechazo.

 

Salivas sodomíferas,

diestras mentirosas,

mezcladas con conveniencias y aceptaciones,

confundiendo amor y acatamiento.