1-       SIEMPRE DUELE IRSE DE ESTA TIERRA

 

Esta tarde elevo mi mirada al morir del atardecer;

quizás al último atardecer que contemple desde mi casa;

quizá la última mirada que eche a su infinito,

en el que pronto me reuniré más allá de sus nubes grises de mi aflicción,

de sus pasadizos dorados de luz de paz, aberturas al cielo,

de su sendero de color de rosa que incita a tomarlo y alivia la despedida,

a este hombre de la tierra que hoy, maravillado, contempla este cielo.

 

El campo que escudriño y observo tan verde entrada la primavera.

 

La tierra que aré con mis manos y sudé a la vez con mi padre,

que siendo buen valenciano cada uno de los golpes de azada los daba por su hijo, siempre saliendo adelante sembrando hortalizas y cuidando naranjos.

 

L’alqueria, la cisterna, el tirar de la cuerda para sacar del pozo agua caída del cielo, y el chirriar de la polea, la curiola, tan sencillo y familiar, y madre llevaba la casa y ayudaba en las labores del campo, mientras yo daba algarrobas y alfalfa al burro y al caballo; también era ella la que tendía la ropa sobre las ramas de un arbusto de hojas ya despoblado.

 

Hoy miro este paisaje verde de mi querido pueblo mediterráneo;

quizá mi última mirada porque me han dicho que Dios me llama.

 

Y en la rosa franja de las nubes despliego mis mejores recuerdos,

los amigos, los amores por los que el corazón ha latido, mis maestros,

mis juegos por sus calles y las tardes de lluvia 
junto a la chimenea recogidos,
esperando la
caída de la noche y el resurgir radiante del sol temprano.

 

Y en las nubes grises siento el dolor de mi hora, la pérdida de ésta, mi tierra,

y en los huecos dorados veo las puertas de otra dimensión que aminora mi miedo, y en el verde del campo de mi pueblo aprecio el alma de las gentes honestas.

 

Quizá muera mañana… De esta tierra, siempre duele irse un mañana.

 

2- VACÍO, A LA AURORA TE BUSCO

 

Vacío. Miro al cielo y quiero dejar la mente vacía;

su información ordenándose para un nuevo comenzar;

los pensamientos clasificándose para establecer la armonía mental,

y al final, en el silencio del páramo desde donde contemplo esta tierra,

entender la belleza que se brinda a mis ojos.

 

La belleza natural de ese cielo donde al hombre no se le deja meter mano;

la belleza del reposo de esta tierra que, por su fortuna, pocos pisan,

y envuelto en el vacío de mi mente echo los suspiros de tu amor,

que aún reposan en el fondo de mi corazón a ese cielo dorado como tu luz.

 

Complaciéndome en el silencio no quiero volver la mirada a la ciudad,

y al infinito se extienden mis deseos, y mi ser emocionado siente y vibra

al latir de mi corazón, que aún te siente a pesar de las capas del tiempo;

a pesar de las hojas de amor quemadas en mi desespero;

a pesar que te fuiste sin darme, al menos, aquel último beso.

 

 

7- ESTALLIDO EN LA NOCHE. PRECIO A LA LIBERTAD

 

El campo se tiñó de negro;

las voces de los condenados gritaban su libertad;

sus voces no podían callar pues callar era morir,

y acallarse no era vivir.

 

Los fusiles vomitaron su fuego;

el fuego de la muerte a la libertad de pensamiento,

y los cuerpos heridos de muerte cayeron al suelo,

doblando testarudos para vivir muriendo.

 

Como si el cielo hubiera oído los gritos.

Como si Dios se hubiese despertado,

la noche se volvió más oscura

entre las sombras callando;

el mismo cielo abriéndose, luz inmensa de cuajo,

mostró su herida;

la lluvia cayó sobre el campo donde yacían los
cuerpos de la libertad,

y así continuó toda la noche llorando sin cesar.

 

El campo de tiñó de negro.

 

El cielo en la oscura noche mostró el destello de
su herida.

 

Las gentes mordieron su libertad,

mordiéndose su rabia al dolor de la muerte.

 

15- COMO EL MATORRAL, ESPERO

 

Como el matorral que espera la lluvia de tus besos, espero.

Como arena que se arrastra a tus pies y te contempla, espero.

Como el cielo que se atormenta y en ti descansa, espero.

 

Con el canto de los últimos pájaros de la tarde anunciando que existen,

con el verde de los lejanos arbustos del páramo señalando que aguantan,

con la soledad que abarcan mis ojos y el silencio que me dicta que espere;

que espere la sonrisa de tus labios que imaginando fuerzo,



la pérdida del sabor agrio de la escasez de las posguerra que forzó tu huida,

tu nuevo florecer a golpes en tierras extrañas forjándote fuerte y recia,

 y, si acudo a Dios, que sea incubando los residuos de nuestro amor

entre tu dolor, tu lucha, y la luz de esta espera.

 

La luz que infiltrada en el grisáceo cielo te haga menos penosa esta espera y amortigüe tu dolor.

 

La luz que fijada en la oscura pantalla de tu vida te arranque una leve mueca de esperanza.

 

La luz que testigo de tu caminar te alumbre mi presencia entre los matorrales, tu espera.

 

Como el matorral que espera la caricia del viento, espero.

 

Como la tierra que se aferra a sus raíces, te espero.

 

Como la voluntad que florezca de nuevo el mañana contigo, espero.